Publicado el 12/11/2020 Por Dios

Masajes con finales felices

Una vez conversada la eventualidad ambos tuvimos presente que en exactamente cuatro días uniríamos nuestras vidas de manera definitiva, aunque esto era muy subjetivo, si Romina cumplía con la exigencia mi expectativa era eso lo que iba a pasar. No había espacio para otro pensar en mi psique, al ver su foto lo supe ¡debía tener sexo con ella! Necesitaba sentir esas, a simple vista, blancas y suaves manos, deseaba sumirme prontamente en sus aromas.

Me encontraba vagando en la web sin sentido, simplemente ojeando, tratando de distraerme, tratando de no pensar. Por lo general esto es lo que hago con los momentos libres que se me permiten a diario en el trabajo, ojear la internet hasta que vuelve a ser la hora de trabajo y sigo con mis tareas ¡Soy un tipo solitario! Mientras mis colegas están fuera fumando cigarrillos o interactuando con el resto del mundo a su manera, yo permanezco aquí, deseando que el receso culmine, ya que no está permitido laborar en horas de descanso.

No me gusta relacionarme y muy pocas veces logro mantener una conversación con un extraño, es por esto que con Romina todo parece tan perfecto como sacada de una película de ciencia ficción.

Estaba yo en mi receso cuando un mensaje emergente apareció en mi pantalla. Con la insignia de ArgentinaXP “¡Hola, soy Romina! Como es de costumbre solo lo cerré y continué con mi faena, unos segundos después el mismo cuadro de diálogo apareció, pero esta vez mostraba un mensaje diferente, “¿Por qué me ignoras?”.

Es de cultura general saber que ese tipo de mensaje lo genera una computadora, así que por diversión respondí “Te ignoro porque eres un bot programado y no tiene sentido perder mi tiempo contigo”. Volví a cerrar la ventanilla y un mensaje más capto mi atención, “No soy ningún robot, y puedo demostrártelo si me lo permites, de nuevo ¡Un placer! Mi nombre es Romina”.

Quedé un tanto petrificado, no sabía como reaccionar frente al asunto, así que como no me estaba saliendo de los parámetros de la legalidad dentro de mi área de trabajo continué conversando con esta aparentemente mujer que se mostraba tan interesada en… ¿conocerme?

Continuamos la conversación, pude enterarme de que era masajista y que pasaba sus ratos libres chateando con extraños por internet, yo le comenté que para mi era difícil relacionarme con las personas y ¡que creen! Me respondió que para ella también lo era y que era por esto que chateaba con extraños, lo hacía como terapia para superar sus fobias repentinas.

Conversamos largo rato, hablamos de mi trabajo, de los colegas, de cómo los días pasaban fríos en esa oficina cada vez que llegaba la hora del receso. Ella me dijo que sus recesos eran por lo general como este, y que casi siempre conocía a las personas equivocadas, pero que le parecía que yo iba a ser diferente.

Comenzamos a hablar sobre su trabajo y los pormenores que trae consigo un empleo como masajista en esta ciudad, me comento de los clientes con los que había interactuado en el pasado, y de como muchos habían intentado propasarse al momento de llevada a cabo una cita. Cuando me dijo esto una idea se apoderó de mi mente y no pude deshacerme de ella ¡Dudé! “¿Será que si es mujer? No sé que hago perdiendo mi tiempo con una persona que ni conozco” me dije a mi mismo en voz alta y no pude evitarlo le dije “Creo que hemos hablado suficiente Romina, ha sido un placer, pero no te conozco y no sé quién puedas ser en realidad”.

Una persona normal se hubiese ofendido y hubiese partido de la idea del orgullo para dejarme simplemente en visto y no responder más, fue entonces cuando sucedió lo que cambió todo, ¡ELLA! Romina La Preciosa Romina me envió una fotografía, con el asunto “¿ahora si confías en mí? No suelo hacer este tipo de cosas, pero me has caído en buena onda y quisiera que me conozcas más profundamente”.

Quedé estupefacto, era perfecta, mujer caucásica de unos 38 años, cabello lacio que caía por sobre su cuello, un salteado de naturaleza adornaba sus hombros, una mirada penetrante que se colaba desapercibida porque su sonrisa opacaba todo a su alrededor, una tez casi transparente que dejaría en evidencia cualquier alteración del pulso, unos senos de película que apuntaban a mi rostro y no quise más que apretarlos contra mí.

No me juzguen, era tan hermosa que tuve que preguntar, por supuesto que dudé aún más al ver esa foto, ¿y quién no dudaría?, ¡si tenía la apariencia de una actriz de telenovela! “Me dijiste que eras masajista ¿dónde trabajas?” respondí sin pensarlo dos veces, “No soy parte de una compañía de masajes si es lo que piensas, trabajo independiente, no me gusta rendir cuentas a otros”.

Si esto les parece ficción imaginen en que universo se encontraba mi mente, YO un tipo de 27 años con aspiraciones inalcanzables de resaltar en un mundo donde los estereotipos dominan la sociedad estaba interactuando con una mujer tan hermosa que podría confundirse con una actriz porno tanto como con una integrante de la realeza.

“Pautemos una cita, quiero conocerte a profundidad como dices, pero hagamos de esto algo divertido para ambos, te ofrezco una cena con un final feliz” ella rio a carcajadas y concluyo en que no sería tan fácil para mí llevarla a la cama “No es mi intención usarte como objeto sexual, me interesa tener la oportunidad de sexualizarte más allá de cualquier objeto”, ella no respondía a partir de este punto y comencé a preocuparme.

Pensaba en que tal vez mis palabras pudieron haberse salido de mi control y temía haberle faltado al respeto, la paranoia en mi cerebro se mantuvo hasta que me contestó “Yo debo trabajar estos próximos días, pero puedo abrir un espacio para ti entre citas, este viernes estaré libre desde las cinco ¿qué dices?”

Como ya lo había comentado, desde ese momento supe que nuestros destinos se entrelazarían de la manera menos esperada, Romina es una masajista sensual ¡SI! De las mejores en todo Madrid, Romina es una seductora y sin vergüenza masajista que con su tacto y sus esencias ha convertido mis recesos en momentos de intimidad en los pasillos y escaleras de la compañía, se ha adueñado de mis momentos de ocio cuál pasatiempo que se vuelve vicio, se ha apoderado de mi miembro cuál mascota con juguete nuevo.

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