Publicado el 12/11/2020 Por Dios

Gabriela y su primera vez

Soy una mujer que solía dedicar sus días y todo su potencial al crecimiento profesional tanto personalmente como también para el resto de las personas que conforman mi círculo social. En mi trabajo siempre soy muy comprometida y responsable, por eso cuando me toca asumir responsabilidades ajenas me permito liberarme de las preocupaciones para evitar sufrir de dolencias que en primer lugar no deberían configurar una disyuntiva en mi día a día.

Eran las 7 pm cuando me decidía a tomar mis cosas para salir de la oficina e ir a casa, agotada por el trabajo que me había tomado cerrar todas las cuentas del mes, además de casi 7 o más trabajos atrasados de otros compañeros, me encontraba lista para irme cuando tocaron a mi puerta.

Era Karen la asistente del presidente ejecutivo de la empresa, “¿Has terminado ya? Es hora de irnos” me estaba invitando a tomarnos unas copas en el bar que quedaba al lado de la oficina para celebrar el cierre del negocio con los inversionistas más importantes del país como excusa y como era de saberse acepte.

Entre copas y conversaciones logramos escuchar a un par de tipos que hablaban acerca de una página que ofrecía servicios de masajistas sensuales, o algo así escuche que decían, “ArgentinaXP no hay nada mejor y vale completo esos 2000 pesos” es lo único que pude recordar claramente.

Pedimos la cuenta para emprender nuestros caminos y entre risas y un gran suspiro recordamos lo que hablaron aquellos hombres sobre el sitio de masajes, pensé en que tanto ajetreo del trabajo me ocasionaba estrés y que tal vez sería buena idea contratar una masajista.

“Recuerda que la mina se llama Romina”, asentí y ya pasada de tragos le di un beso de despedida y exclamé ¡Nos vemos el lunes en la oficina, ten una buena noche! Acto seguido tomé un taxi y de camino a casa ingresé al sitio web.

Me sorprendí porque era una página de escorts, escuche a mi pensamiento jugar con mi consciencia, deberías intentar a ver “y yo que soy tan curiosa como un recién nacido” ¡Válgame Dios! A donde me ha llevado todo esto.

Busque entre las tantas mujeres a esa Romina de la que hablaban, era una mujer hermosa y describía su empleo como algo muy peculiar. Le escribí;

G: Hola me llamo Gabriela, voy en un taxi en este momento, pero me interesa encontrarme contigo. ¿Estás disponible?

Confieso que lo hice pensando en que a esta hora no iba a responder un mensaje, no pensé muy bien lo que hacía.

R: Qué tal Gabriela, que placer encontrar tu mensaje en mi bandeja de entrada, bueno, todo depende de qué esperas de mí, estoy disponible a toda hora, pero ¿tienes suficiente dinero encima como para costearme?

Me sentí apenada, estaba hablando en efecto con una mujer que se dedicaba a proporcionar placer a hombres adinerados. Pero como ya mencioné ¡agallas es lo que me sobran! Recuerdo que quise sonar bien fiera.

G: Yo no he preguntado sino tu dirección, el dinero es lo de menos.

R: Espérame en el Café de la esquina frente a la plaza del toro, llegaré vestida de rojo, podrás reconocerme fácilmente.

Le indiqué al taxista cuál era el lugar y nos aventuramos en la búsqueda del tan publicitado “masaje con servicio exclusivo” cuando Karen me mencionó esto en el bar no pude evitar pensar en una relación sexual existente entre el juego de palabras y la acción de hacer presión sobre los músculos para liberar tensiones. Y por supuesto que mi sexto sentido no se equivocaba.

Apenas arribamos al café la vi sentada con una manta roja cruzándole el pecho, me pareció conocida, luego recordé que estaba ebria y que ya la había visto en fotos minutos antes. Baje del taxi y me sentí intimidada.

R: Vaya eres hermosa. Sígueme seguro estás muy tensa.

Llegamos a un edificio cruzando la calle, fue ese el momento en el que sentí los pies en la tierra y analicé la expresión física de mis pensamientos.

Me encontraba en un lugar que no conocía, el taxista ya se había marchado, aun cuando podía llamar a un servicio de taxis que me rescatara tardaría demasiado “¡Bueno Gabriela! Eres una mujer adulta, estás preparada para esto ¿Cómo era que se llamaba… Romina? Si Romina ¡Ok! -respire profundo- Estoy lista”

Apareció una mujer vistiendo de mangas largas una especie de kimono y me dijo “¡Adelante, bienvenida al hogar de la relajación!” ingresé al lugar y fue como atravesar el espejo de Alicia, afuera se sentía un clima lúgubre, frío, con aires de lluvia y tormenta, en este espacio todo era paz y tranquilidad, nada configuraba problema alguno y todas las personas parecían vivir una especie de utopía dentro de la cual el cumplir sus fantasías individuales era la única preocupación que alguno de ellos pudiese llegar a tener.

Romina me llevaba de la mano, nos acercamos a una puerta e ingresé a una habitación enorme que invadió mi vista, una especie de alfombra adoraba el suelo, “Siéntete como en casa, donde plazca” Me sentía cohibida, no sabía que pensar, me sentía algo emocionada debo admitir, el corazón no dejaba de latirme y el ritmo aumentaba con cada paso escuchaba que daban en el vacío salón.

Decidí apelar por lo clásico ¡la camilla! “Ni se te ocurra, en este lugar nos deshacemos de las inhibiciones” sentí como me tomó por la espalda y me llevó hasta una especie de mesón afelpado.

Desperté en mi casa queriendo no creerlo, queriendo no estar ahí. Desde aquella noche mi vida no ha sido la misma, despierto a diario soñando con las maravillas que me ha regalado Romina, la exclusividad del servicio que presta a través del masaje. La peculiaridad que envuelve su accionar, la deliciosa manera como sus manos se amoldan a mi cuerpo despertando en mí, con ayuda de no más que velas aromáticas y palillos de incienso, un sinfín de pensamientos y sensaciones de las cuales no era consciente anteriormente.

Romina se ha convertido en mi masajista favorita, ha sido la única mujer que ha posado sus manos sobre mí, difundiendo sus conocimientos en mi piel cuál vitamina que corre entre la tierra y la naturaleza. Romina es la dueña de mis momentos de liberación, aquella con quien dejo mis preocupaciones de lado y me entrego a una sola idea ¡El placer de vivir y sentir!

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